Hinojo

El hinojo
A veces se le llama “anís dulce”, debido a su aroma delicado que impregna el famoso róbalo en la parrilla con hinojo que le da el perfume de las regiones meridionales. Digamos que a pesar de que solo se utilizan como condimento las hojas frescas o secas, el propio bulbo constituye legumbre muy apreciada.
Rico en vitaminas A y C, tal como su amigo el apio, con quien comparte el proceso de cocción y las recetas, suministra 30 calorías por cada 100 g. Para la crónica gastronómica he aquí unos versos de la famosa escuela de Salermo, en el extenso “poema médico” con más de 3500 versos, de los cuales los primeros datan de finales del siglo XV, consagró al hinojo:
El hinojo causa en nosotros cuatro efectos diferentes, purga el estómago, aumenta la vista, de la orina fácilmente encuentra la salida, del fondo de los intestinos expulsa los vientos; pero su semilla tiene sobre todo la virtud singular de expulsarlos por detrás.
Conocido y utilizado desde la más remota antigüedad en Egipto, en Grecia y en Roma, así como en China y en las Indias, el hinojo crece en estado salvaje por todas partes en Europa, sobre todo en el sur, pero también en el norte; en general, en todos los lugares de suelo pedregoso y seco, en aquel que es impropio para cualquier otro cultivo. Cogerán y utilizarán las hojas y las semillas: las primeras frescas o secas como el perifollo, las segundas molidas como la pimienta.
Es necesario que usted sepa que también para el hinojo la cocedura es nefasta, pues destruye una buena parte del sabor que le confieren sus esencias aromáticas. Me gustaría también darle un motivo más para utilizarlo abundantemente en la alimentación: el hinojo es muy digestivo y, por lo tanto, indicado para los enfermos a excepción de los diabéticos.

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