Olivo

El olivo
Inmediatamente después de la hoja de parra – inverosímilmente, por otra parte hoja de higuera – que sirvió de “tanga” a Adán, surge el olivo en la historia de los primeros tiempos de la aventura humana. Símbolo de la sabiduría y de la paz, robusto y exigiendo pocos cuidados, el olivo figura en nuestra mesa bajo dos formas innegablemente apreciadas, incluso fuera de las regiones mediterráneas donde es uno de los símbolos culinarios.
En efecto, si las aceitunas verdes o negras, conservadas en salmuera o en aceite son apreciadas por todos, no ocurre igual con el aceite, cuyo sabor perfumado no siempre es apreciado, y es pena, pues sus virtudes son infinitas. Crudo, virgen, el aceite facilita la digestión al nivel del hígado y hace, por otra parte, desaparecer el estreñimiento. Añadamos, dirigido a los que temen el efecto de las libaciones, que una buena cucharada sopera de aceite, ingerida antes del primer aperitivo, al revestir la mucosa del estómago con una capa impermeable, impide que el alcohol pase prematuramente para la sangre, permitiendo así al hígado desempeñar su papel purificador. Si no tiene la posibilidad, o no le gusta utilizar esta receta muy antigua, sírvase abundantemente de las aceitunas que a título de aperitivo, le presenten.
Si no le gustan las sopas de legumbres – se privará así de muchos elementos naturales necesarios para la salud – una cucharada de aceite en el plato, le dará un sabor a aceituna.

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