Patata

La patata
Este tubérculo que es, al menos una vez por día, ornato de nuestra mesa, fue durante mucho tiempo desconocido en Europa. Los primeros en descubrirla fueron los Españoles en el siglo XVI, pero fue necesario vencer algunos preceptos ligados a la familia botánica de la patata, que es una más entre las solanáceas, muchas venenosas, para que adquiriese, por fin, derechos de ciudadanía.
Nutritiva (100 calorías por cada 100 g.), la patata contiene sustancias bastante feculentas de fácil digestión, algo de proteínas (2 por 100) y una gran cantidad de vitamina C. El único punto flaco es su pobreza en calcio.
A pesar de que se debe prescindir de ella en las dietas de adelgazamiento y en las de los diabéticos, es, por el contrario, vivamente recomendada para quien haya de efectuar un efecto físico, en cuyo caso debe ser de 200 a 300 g. por día.
Ya lo hemos dicho a propósito de algunas otras legumbres: si se quiere disfrutar de todo lo que la patata puede suministrar desde el punto de vista dietético, cómase también la piel. Patatas nuevas, simplemente cepilladas y cocidas en las brasas, comidas con un poco de mantequilla fresca, es la más racional y más útil de las recetas que podemos dar a propósito de este tubérculo.
Digamos de una vez que las patatas cocidas, lo sean con o sin piel, no deben ser consumidas de un día para el otro, pues poseen un bacilo bastante peligroso. Pero infelizmente, las patatas recalentadas o mezcladas en ensaladas más de doce horas después de su cocción no son nada apetitosas.

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